‘Occidente pagó caro el haber financiando a Al-Qaeda
en sus inicios en Afganistán. Hoy los apoya en Siria, Libia y otros lugares, y
pagará un precio muy alto después en Europa y Estados Unidos.'
- Bashar
Al-Assad
La televisión
convierte a la política internacional en
una metáfora de juego de tenis, el cual exige que estemos permanentemente
volteando nuestras miradas de un lado a otro para no perdernos de la acción.
Ejemplo de esto es la hasta hace poco alarmante crisis coreana, la cual de
pronto hemos olvidado para centrarnos en el atentado de Boston y el maratón.
Pero no pasan 24hrs sin que el péndulo gire de nuevo, y hoy nos encontramos con
la guerra de palabras entre Bashar Al-Assad de Siria y Benjamín Netanyahu de
Israel, lideres indiscutibles del conflicto en Medio Oriente que nunca dejó de
recrudecerse.
Esta semana
se arrojaron al espacio público dos entrevistas, una de Assad y otra de
Netanyahu. Por su lado, Assad acusa a
Occidente de hipocresía, dado que ésta
famosa alianza ‘del bien’ no escatima en cuanto a las formas para lograr sus
objetivos. En esa línea Assad los acusa de estar abiertamente apoyando con
armamento a su oposición rebelde, la cual cada vez es más débil, por la escasa justificación que tienen para derrocarle. Y como bien
sabemos, las armas solo fortalecen a grupos con motivaciones desconocidas, que
no necesariamente ayudarían a mejorar la situación del país árabe. El caos que
hoy se vive en Libia es el mejor ejemplo de ello. Los rebeldes tomaron el poder
gracias al apoyo de la OTAN y hoy el país está peor que antes.
A Assad
se le acusa de dictador y asesino, pero no fue realmente hasta que occidente intervino
en el conflicto que la atención internacional se centró en el, focalizando las
criticas hacia este, uno de tantos gobiernos de corte autoritario que abundan en
la región. Assad dijo abiertamente, que parte de la oposición que esta siendo
armada - por Estados Unidos y algunos
países europeos - incluye a Al-Qaeda, lo cual convierte a todo esto en
una burla hacia la opinión pública internacional.
Por su
lado, Benjamín Netanyahu trata de alertarnos sobre Irán y Siria, pidiéndonos
que dejemos en paz a Correa del Norte, el cual dice no representa una amenaza
tan real como sus ‘problemáticos’ vecinos musulmanes. Por eso puntualizó en las
armas que estos ya tienen, enfatizando que son suficientes para ser un peligro
no solo para Israel, si no para el resto del planeta. En ese sentido Netanyahu esta buscando llamar
la atención a lo que claramente es un interés propio, y no necesariamente algo
que pone la estabilidad del mundo en peligro.
Lo que
sabemos es que no existe apoyo popular ni de su gente ni de sus generales para
cumplir con sus constantes amenazas hacia sus vecinos. Netanyahu ataca
abiertamente a Irán, en la supuesta intención que este tiene de desarrollar armas nucleares. Pero como la más
reciente crisis coreana nos demostró, lo más factible es que el país musulmán
terminé viéndose en la necesidad de desarrollarlas, ya que su posesión
equilibrará el balance de poder atómico, y le permitirá mejorar sus
posibilidades de negociación con potencias
regionales y del resto del mundo.
Por su
lado Estados Unidos declara, mediante el líder del Pentágono Chuck Hagel, que
la opción militar es siempre la ultima, lo cual perfectamente sabemos que es
falso. Estados Unidos apoya directa e indirectamente los conflictos alrededor
del planeta, ya que son sus armas las que los lubrican. El crear y dirimir
conflictos se ha convertido en una de las justificaciones para el crecimiento
desmesurado de su propio aparato militar, lo cual convierte a las palabras de
paz en meras ilusiones.
Mientras
tanto las esferas de influencia geo-política mundial se definen ante nuestros ojos. China se ha convertido en la nueva amenaza
para la ‘Pax Americana’ en Oriente y en África, a la vez que Rusia pisa el acelerador
en Medio Oriente. Es por eso que la competencia multipolar por el poder esta
obligando a las potencias a buscar nuevos aliados y nuevas aventuras, en ese afán de mantenerse encima de los recursos
naturales estratégicos que todavía nos quedan.
Lo que
claramente se refrenda con todo esto es la estrategia política de nuestros
lideres, los cuales se dan la permanente tarea de buscar enemigos externos,
para después poderse justificar como los buenos y los obviamente necesarios
para solventar cualquier crisis que pueda desprenderse de enfrentar a dichos adversarios. El dividir para vencer esta más vigente que
nunca. Pero el ingrediente que lo intensifica
es que el fin justifica
cualquier medio necesario para su
obtención, aunque esto incluya ir en contra de los valores que uno constantemente
refrenda para legitimarse. Bashar Al-Assad no es ninguna blanca paloma, pero
las acusaciones que levanta contra occidente lo hacen ver como la victima. La moraleja es que los políticos han
explotado el uso de la televisión como nadie.




