Tuesday, 21 October 2014

Los diarios del ébola

“Lo que es verdadero de todos los males de este mundo lo es también de la peste”

–Albert Camus (1913 - 1960) filósofo francés

Enfermedades de alcance mundial como el ébola suelen ser utilizadas para politizar aun más las relaciones internacionales. Además, este tipo de epidemias suelen recordarnos que la globalización es un fenómeno primordialmente económico.

En cuanto a la politización tenemos a varios países escandalizados, al grado de querer prohibir temporalmente la migración africana. Por otro lado, algunas voces estadounidenses ventilaron la posibilidad de sellar la frontera con México, ya que aseguran que por ahí pudiere colarse el virus. ¿Y qué decir de las 4,000 tropas enviadas por Obama al oeste africano? No contento con eso, otro político pidió que se ponga en cuarentena a las naciones de donde emanó el virus, como si la vida ajena se tratase de un simple juego de mesa.

Los medios de masa han hecho muy buen negocio al elevar su novelada cobertura a niveles `histéricos´. Lo triste es que detrás de la mediatización del ébola existe una realidad de que no se habla. Lo primero a resaltar es que la respuesta a la propagación fue lenta debido a su origen africano. Aquí cabe el racismo. Abundan comentarios que justifican la epidemia como necesaria, de acuerdo a la sobrepoblación que supuestamente caracteriza a una tierra de color negro.

Otro tema que no se toca es el poco interés de las farmacéuticas en desarrollar vacunas para la población africana, ya que no es buen negocio. La clientela es pobre, y como se trata de una enfermedad mortífera, no aplican los tratamientos de largo plazo, los cuales les significan mayores ganancias.

Más entretenidas son las teorías de conspiración sobre la enfermedad, desde las que señalan a la CIA como incubadora del virus –como arma biológica para despoblar al mundo–, hasta las que aseguran que el mismo es un castigo de Dios por actos inmorales como la homosexualidad. En pocas palabras, los rumores se contagian mucho más rápido que el mismo virus.

Esta magnificación del suceso corresponde a la súper velocidad comunicativa de la era informativa en que vivimos. La interconexion del planeta es tan profunda que se imposibilita bloquearle el paso por completo al virus. El sistema está tan aclimatado a la expansión que tratar de pararlo sería arriesgar la maquinaria que mantiene con vida a la masa humana que somos.

Vale la pena traer al presente la memoria de la peste negra del siglo XIV, no para equipararla con el ébola en cuanto a letalidad, sino para ahondar en los discursos que se desprenden de esta y otras epidemias que han confrontado a nuestra especie.

La peste negra del ayer también tuvo sus conspiraciones, como las de ahora. Los acaparadores de la discusión medieval fueron los hombres religiosos, quienes no escatimaron en su dogmatismo al responsabilizar de la peste al siervo feudal `pecador´. Comoquiera que sea, todo esta vociferada no les sirvió de nada a ellos ni a la monarquía que santificaban para comprender los cambios sociales que la epidemia le indicaba al hombre medieval. La peste negra, en sus cepas bubónicas y septicémicas, mató a aproximadamente a una tercera parte de la población de Europa, algo que para muchos acabó con el sistema feudal bajo el cual se habían organizado durante siglos.

La desaparición de millones de siervos empoderó a una emergente clase media, que gracias a las tierras despobladas y a la novedosa colonización ultra marina echó a andar la etapa inicial de acumulación mercantilista que hoy entendemos como capitalismo.

Moraleja: de toda crisis viene una oportunidad, y entre más rápido las identifiquemos, más pronto inauguraremos lo que sigue.

Lo que el virus nos ha demostrado es que los poderosos tratan de aprovecharse de los débiles en momentos difíciles. Es así que las repercusiones humanas, sanitarias, políticas, económicas y mediáticas del fenómeno del ébola pueden ser vistas como una alarma de la rampante desigualdad que priva en el mundo. Hemos exacerbado las diferencias entre nosotros como nunca en la historia y estamos pagando las consecuencias de ello.

Todos gozamos de los beneficios de los mercados internacionales, su mano de obra abundante y sus productos baratos. ¿Por qué no aprovechar esta gran oportunidad para mirar a los ojos del que nos trabaja en otros lado, para comenzar a estrechar lazos con el mas allá de lo económico? Sólo cuando hayamos logrado esto podremos presumir de ser ciudadanos de un mundo integrado, y no nada más de uno globalizado.

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