Thursday, 10 September 2015

Siria es México

‘‘El genio del capitalismo consiste precisamente en su falta de moralidad’’

Lewis H. Lapham (1935-) escritor estadounidense

El capitalismo contemporáneo se beneficia de los refugiados que el mismo sistema va creando en el camino. Es así que la desigualdad no sólo es el resultado de la falta de oportunidades económicas, sino también de la injusta distribución de poder en el tablero social.

Por un lado están las intervenciones políticas directas o indirectas en los asuntos de otras naciones, como lo es el caso sirio y el mexicano. La crisis de los migrantes en Europa, resaltada por los medios de masa, nos ha hecho centrar nuestra atención en Siria, de donde escapan muchos de los refugiados que ahora buscan asilo en todo el mundo.

Sabemos que aquel país, con todo y sus problemas políticos domésticos, está siendo intervenido por una plétora de intereses, entre los cuales destacan los de EUA, que simplemente abusan de su poder para intentar manipular el destino del régimen de Bashar Al-Assad.

Dicho intervencionismo tiene varios objetivos, que son similares a los del ocupado Irak. El principal es acomodar la geoestrategia para el beneficio de varias estructuras, entre ellas las fuerzas armadas, que expanden la guerra mientras difunden su ideología castrense y aumentan sus ganancias de venta de armas. Después está la presidencia ‘imperial’ misma, que construye enemigos perpetuos para después justificar su intromisión en asuntos lejanos en nombre del ‘‘salvacionismo’’.

Por otro lado están las corporaciones como las constructoras y las de seguridad privada, las cuales ganan con la reconstrucción y la imposición de la fuerza ‘‘ejecutiva’’. Y qué decir de las petroleras y demás trasnacionales energéticas, financieras y mediáticas, las cuales lentamente se establecen en los nuevos mercados ‘‘liberados’’ por el gobierno con el que se coluden de forma corporativista.

Todo esto aplica en Siria e Irak, pero si observamos minuciosamente, hay características que se repiten en México, cuya guerra civil también se ha exacerbado por la injerencia de cada vez más elementos externos.

Empecemos por la supuesta guerra contra el narcotráfico, la cual se libra contra un enemigo invencible, debido a un mercado de la droga en crecimiento, aunado al billonario lavado de dinero en la banca trasnacional. Dicha guerra, que tiene más de nueve años subsidiada por Washington, ha fracasado en sus difusos objetivos, pero comoquiera que sea ha logrado desestabilizar por igual a la sociedad mexicana y a su régimen político.

Y mientras todo se tambalea, tanto el gobierno actual estadounidense (y el potencial, con gente como Donald Trump), como su empresariado, aprovechan las vacas flacas de este lado de la frontera para hacerse de capital político y de recursos naturales, esto último con la participación de nuestra burocracia.

Ulteriormente, lo que une al refugiado sirio con el mexicano es que ambos son víctimas del capitalismo de guerra, que como nube tormentosa, azota los haberes de nuestras culturas. Dicho de otra forma, tanto la guerra contra el terrorismo como la guerra contra el narcotráfico han destruido la estabilidad social y enrarecido el ambiente en que se desenvuelven las cultura y sus relaciones económicas.

En teoría son contextos distintos, pero en la practica los efectos siguen una lógica económico-capitalista idéntica. Hoy como siempre, los efectos más perjudiciales se concentran en los sectores más desprotegidos de la sociedad; el semillero de los refugiados. Un día se le abre la puerta al migrante y otro día se le construye una muralla para impedirlo, dependiendo de cómo anden los mercados laborales en EUA y Europa.

Por eso digo que en vez de preocuparnos por refugiados lejanos, mejor hay que ponerle atención a la masa de desplazados internos mexicanos. No es cuestión de identidades nacionales o preferencias étnicas. Es más un asunto de urgencia e inmediatez, de eso que tenemos enfrente y que hemos preferido negar.

Lo que hay que hacer es cambiar la mentalidad, ya que somos reflejo uno del otro, víctimas del mismo sistema depredador. Si corregimos lo que pasa aquí ayudamos a que allá cambien las cosas.

Estamos todos interconectados.

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