Saturday, 17 March 2012

El sol y nuestra especie: una relación discursiva

 El sol existe muchísimo antes de que el hombre inventara el lenguaje en su afán de categorizarlo todo, buscando con esto entender y administrar mejor las cosas. En ese sentido,  el sol esta mas allá de las descripciones que hemos hecho de el. Este hijo de la naturaleza es autoritario, decide por si mismo e influye en nuestras vidas sin nuestro consentimiento. Su existencia en si misma define originalmente la relación que cualquier forma de vida después justifique como propia.

Las antiguas culturas del mundo se dieron cuenta de lo obvio, que esa bola de fuego le daba vida a las cosas, y fue por eso que se empezó a adorar como un dios. Casi todas las civilizaciones lo incluyeron en su lista de divinidades, en los tiempos en que el hombre tenia depositado su espiritualidad en las diferentes cosas vivas, por la lógica relación que tenían con nosotros. Ejemplos de esto son: el culto egipcio al Ra y el Aton, la Amaterasu japonesa, el Helios y Sol Invictus greco-romanos, el Surya indio, el Tonatiuh azteca, et cetera.  

Pero el hombre ‘civilizado’ gradualmente cubrió el sol con imágenes humanas, y utilizo el concepto de su energía y fortaleza para justificar la creación de sus 'dioses' solares como el Ahura Mazda del zoroastrianismo, El Mitras romano o el mismo Cristo cristiano. El monoteísmo representa la imposición del poder controlador del Estado depositado en   unos cuantos hombres, y el mismo culto Nazi del siglo XX todavía dependía de la analogía solar para reforzarse.  Esto es visto  en la svástica - símbolo solar tomada de los tibetanos  modificado para fines perversos - buscando lograr la deificación de un hombre que teóricamente representaba la certeza de la luz eterna.

Comoquiera que sea, la ciencia – con su física y química - había aclarado el debate sobre la divinidad del sol. Mas que ser un dios, este era una bola de fuego con vida propia que seguía leyes concretas, pero que algún día se apagaría, llevándolo a una segura muerte como cualquier otra cosa. La ciencia es muy buena, pero no deja de ser una visión dualista, en donde la  empleamos para entender cosas que están ahí afuera, para ser comprendías y utilizadas a nuestro favor.

 La sustitución del mito por la ciencia nos llevo a que  la naturaleza como concepto cada vez se alejara mas de la mente racional del hombre, ya que se aseguraba que  la religión solo presumía su control sobre los fenómenos naturales desde el dogma. Comoquiera que sea la ciencia como nuevo mito  nos desconectó de la intuición y el sentir directo que tenemos como especie. El afán de comprender el mundo fenomenológico logro la separación  hombre / naturaleza. Y comoquiera que sea la ciencia puede ser certera, pero la excesiva dependencia en el discurso  mental y racional nos hace fabricar y creer cosas que en la practica se manejan de formas mas simples, y a veces mas complejas, de lo que podemos soñar. Además, la posmodernidad mediática que vivimos nos ha arrojado a una  sistemática confusión existencial.

El pasado jueves me toco experimentar un descenso de casi 25 grados centígrados en menos de 24 hrs. Un día caluroso se torno en uno frió de golpe. Esto alarmo a muchos, e inmediatamente se  hicieron publicas muchas expresiones sobre el cambio climático acelerado por el hombre. Pero si somos objetivos, el Sol tiene transmutaciones como cualquier otro organismo, como nos lo dice la ciencia - misma que advirtió que esta nuestra estrella líder incrementaría su actividad magnética durante un periodo de tiempo. ¿Entonces, porque pensar ingenuamente que unas pequeñas hormigas en un pedazo de tierra distante puedan influir en el devenir de la naturaleza?

Creo que esto es evidencia de lo lejos que hemos llegado en nuestra lucha egoica de interpretar las cosas que pasan como directamente resultado de nuestras acciones. Pero por otro lado, tampoco podemos volver al pasado en nuestras mentes de forma retro-romántica, creyendo que este ‘gran fuego de luz’ es una especie de divinidad, buscando con esto paliar el sufrimiento que puede representar el exterminio colectivo de nuestra especie.

 Pero si la excesiva relación de palabra que tenemos con  el, y por otro lado su endiosamiento tampoco son lo apropiado para justificar lo malo que nos puede ir en la tierra, ¿como entonces hablamos de esos fenómenos sin tomar cualquiera de esas rutas extremas?

A mi me parece que la interpretación de los fenómenos sigue siendo funcional y de utilidad. Y por eso se pudiera tomar esto como un recordatorio de que ese gran astro es portador de ese poder dictatorial de la naturaleza – y que cuando las cosas son,  pues son, sin prorrogas ni aplazamientos.

El eructo solar es un evento incidental, pero que nos demuestra lo que pudiese acontecer si su intensidad se incrementara hasta llegar a las flatulencias, o los mismos estornudos.  Somos finitos y tenemos un desmadre en esta tierra. Estamos aniquilando las mismas bases y fuentes de nuestra supervivencia. Pero no necesitamos a grandes místicos ni grandes científicos para que nos hablen de lo excepcionales que somos con todas nuestras proyecciones. Un fenómeno como estos es solo un recordatorio, nadamas, de que hay que recapacitar, porque nos podemos ir así de fácil como llegamos.


[Nuestra fijación con el sol mismo desato en nosotros una antigua, pero todavía vigente fijación con su hijo bastardo, el oro (au), como el elemento que representa su fuerza, y por ende lo tomamos como la base de la riqueza de nuestras naciones.]

-juancarlosguerra , marzo 2012

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