La historia de buenos contra malos es tal vez el mito mas antiguo de la humanidad, y la invasión de Venezuela es su capítulo mas reciente. Previo al ataque y secuestro de un Presidente, en flagránte violación a la soberanía de un país y las leyes internacionales, los medios estadunidenses fueron modificando y ampliando la narratíva propagandística en contra del Chavísmo venezolano, al cual incialmente tachaban de amenaza contra la democracia, la libertad y el capitalismo, para acabarlo transformando en narco terrorismo, según Trump. Un simple mal ideologico acabó convertido en un terrorífico mal contra la vida, la salud y la moralidad pública global; fuente múltiple de mal en si mismo, que por ende había que erradicar a toda costa.
La verdad es que mas allá de las religiones -que suelen ver al bien y el mal como categorías separadas que no coinciden entre si- todas las cosas, personas, experiencias y sistemas en esta vida tienen aspectos buenos y malos, por lo que aferrarse a una pureza dualista, especialmente a nivel político-civilizatorio, es muchísimo mas que una burla y un insulto a la inteligencia de nuestra especie.
Volviendo al tema, tenemos tiempo observando a un Trump que se viene radicalizando en proporción a la presentación de su imágen como alguien eficaz, benevolente y salvacionista, aunque la realidad socio-económica en los propios Estados Unidos diste por mucho de lo que presume. Me refiero a las alzas de precios, como también al militarísmo, la persecucuión y la represión, así como a la falta de cumplimiento y la abierta contradicción a cada vez mas propuestas de campaña.
Sabemos que la creación política de enemigos suele radicalizarse y exponenciarse en proporción a las necesidades de una economía doméstica en crisis, y el gobierno de Trump no es la excepción. El problema es que a estas alturas el agresivo político norteño está abusando de la pureza dualista para justificar la aplicación de la arcaica politica del "fin justifica los medios", con la que se metió en Venezuela.
Por lo tanto, esta nociva combinación dualista-justicialista tiene a Trump aprovechando el lenguaje del arresto y la justicia, simbólicamente presentándose como un Sheriff que tiene que poner orden en su patrio trasero. Rol de Sheriff que tiene como público meta a su propia base MAGA, y a los muchos en el mundo que salivában con la idea de que alguien metiera la mano en Venezuela, pase lo que pase.
Entre mas malo el enemigo se justifica todo en su contra; esa es la formula y ecuación del Imperio. El tema aquí es que en ese cruento proceso se atropella la Constitución estadounidense, se marchita la civilidad mas básica y se derrumba el orden internacional.
En este caso de lo de Venezuela, Trump no consultó a ambas cámaras legislativas, y en su lugar prefirió avisar a las corporaciones petroleras para que se alistáran con el negociazo del petróleo robado. Pero lo mas increíble es que el notorio político ya no lo esconde; abiertamente dice que van por el petróleo, al grado de que el mismo día de hoy, mientras se juzga de forma ilegal y unilateral a un Presidente secuestrado, se eliminó el cargo que lo acusaba de ser el lider del Cartel de los Soles, la excusa capital que derramó la gota del vaso que condujó a la invasión.
En pocas palabras, a Trump no le importa que el mundo vea sus excesos imperialistas ni dictatoriales, ya que dictador también es quien dicta guerras sin consultar a aquellos poderes que fuimos estableciendo para contrapesar y limitar las locuras de una sola persona.
Y para los que encima de todo esto creen que vienen cosas buenas para Venezuela, independientemente de como se intervino en sus asuntos, les sugiero revisar los casos de Irák, Afganistán, Libia y Haití, entre muchos otros, para ver los efectos desastrosos de esa visión dualista-justicialista-salvacionista con la que tratan de covencernos de sus guerras santas.