Monday, 6 July 2015

El matrimonio y el retro romanticismo bíblico


`El matrimonio es tan antiguo como nuestra civilización´

Janet Soskice (1951-) teóloga y filósofa canadiense

El matrimonio como práctica social antecede por mucho a la religión organizada, por lo que los juicios éticos y morales sobre las uniones homosexuales no deben ser monopolio de ninguna creencia específica.

Los registros más antiguos que existen sobre relaciones de tipo matrimonial son de la antigua Mesopotamia (2000 A.C.) Los motivos que llevaron a aquel Estado a justificar el matrimonio eran pragmáticos. Primero que nada había que regular el conflicto que nos es natural como seres sexuados y progenitores. La generación de hijos legítimos era algo fundamental para el funcionamiento de la pareja, y por ello se hizo necesario reglamentarla.

La herencia legítima de riquezas y propiedades fue consolidándose en lo que entendemos como patrimonio, concepto fundamental para el desarrollo de la unidad familiar que perdura hasta nuestros días. Ulteriormente, una de las primeras `trinidades´ sociopolíticas de nuestra civilización, que todavía no hemos trascendido, es el patriarcado (cultura), al Estado (política) y la familia nuclear (sociedad).

En cuanto al género de los participantes del matrimonio no cabe duda. Éste era entre hombres y mujeres, ya que éstos reflejaban y daban continuidad a ese mismo patriarcado del cual dependía toda la sociedad para perpetuarse. Infiero que fue así por razones prácticas de Estado y sociedad, y no por excesivo moralismo. No hay que olvidar que la homosexualidad ocurría en la alta sociedad grecorromana, la cual no fue expiada hasta la llegada del cristianismo.

La Iglesia católica tomó el control del matrimonio hasta la Baja Edad Media (Siglo XI), cuando la institución finalmente se sobrepuso al pasado romano al que tuvo que someterse para sobrevivir. No obstante, el matrimonio en esta época medieval era un cuasi monopolio de la naciente monarquía, piedra angular que gracias a la intercesión de la Iglesia se convirtió en la base sociopolítica y económica de Europa durante el feudalismo.

La simbólica instauración del celibato en el Siglo XI fue el parte aguas para la obsesión `religiosa´ por el cuerpo humano y la regulación de las instituciones en las que éste participaba. Otros datos importantes es que el matrimonio no se convirtió en un sacramento hasta el Siglo XIII, y que el amor romántico, y en si el matrimonio para las clases bajas, no fue algo común hasta mucho después (posterior al Siglo XV).

En cuanto al análisis de la Biblia como estructura para el matrimonio lo recomendable es releer particularmente el Antiguo Testamento, para darse cuenta como pasajes del mismo describen casos de adulterio, poligamia, incesto, matrimonios bajo coerción, concubinatos, y en si relaciones típicas de la época que forma la narrativa del texto. No olvide, estimado lector, que aparte de hablar sobre Jesucristo, la Biblia relata la vida de personas que habitaban un lugar y un momento específico con costumbres propias, las cuales en este caso simplemente eran profundamente patriarcales.

Más aún, los apóstoles y demás líderes del cristianismo primitivo recomendaban el celibato sobre el matrimonio. Y aunque no estaban en contra de estas uniones, si consideraban que la mejor forma de aproximarse a Dios era el aislamiento. Fue sólo con el pasar de los siglos que la ambivalencia de los evangelios sobre el matrimonio fue supeditada al esquema organizacional que intentó apropiarse del discurso sobre las uniones sociales.

El hecho de que en México aparejemos el matrimonio con cierta interpretación purista de la Biblia es producto de la Iglesia que nos colonizó, pero no existe una correlación lógica ni histórica entre matrimonio y religión organizada. Es por eso que la trinidad ético-moral (matrimonio, Iglesia y Biblia), que los opositores de las uniones del mismo sexo refrendan, simplemente no puede sustentarse.

La cultura y las relaciones interpersonales han cambiado mucho de 2,000 años para acá, y en esta transformación han participado todo tipo de instituciones, incluyendo las legales, las políticas, las culturales y las religiosas. Por eso no debemos apoyarnos únicamente en un sólo texto ni en una sola interpretación, buscando con ello extraer las óptimas interacciones humanas para nuestra vida contemporánea.

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