Friday, 21 April 2017

Tu ser es tu resorte



Empieza por el nombre, los apellidos, el genero y la clase social, para sobre eso ir montando las más confusas y lejanas como la nacionalidad, el partido político y la religión, identidades todas ajenas y externas a nosotros mismos como esencias, intuiciones, sabidurías y presencias. Se nos jura que es mejor entregar lo que somos, intercambiarlo por disfraces convencionales, que 'le sirven a los otros niños' para facilitar su integración a una sociedad repleta de urgencias y expectativas.

No contentos con eso constantemente se nos recuerda, se nos invita, se nos seduce, y en veces se nos forza dicho camisón de identidades, ya que se asegura son el mejor equipamiento para la comprensión, la plenitud y la felicidad colectiva misma, valores que no solo se mercadean como posibles, si no como fundamentales para cualquier proyecto de envergadura.

Ahh pero cuando cualquiera reniega a dicho camisón porque se siente demasiado grande o incomodo y apretado como constructo, se le acusa de ser ego céntrico, ególatra o simple egoísta, por el simple hecho de expresarse en desacuerdo, indicando el interés de emprender una búsqueda alterna, ya no tanto en el mas allá de las abstracciones, si no en el más acá de las esencias que intuimos que somos, que sentimos, y que a veces visualizamos, pero que en muy raras ocasiones nos permitimos enfrentar por miedo a encontrarnos con la supuesta animalidad e incertidumbre que nuestra cultura alguna vez reprimió en supuesto afán civilizatorio.

Civilización aparte, es ahí muy dentro en tu coraza, en tu núcleo donde yace la llave que puede liberarte de las ataduras excesivas, que no te dejan ser lo que quieres ser, para poder, de una vez por todas, quitarte de disfraces y así empezar a brillar en autenticidad creativa y liberadora.
Es así como, en vez de seguir luchando para salvar a partidos caprichosos y seguirte sometiendo a dioses justicieros, mejor ahonda en ti, el máximo poder al cual tienes acceso si solo te permites el coraje y la valentía para abrirte a ti mismo.

Entonces, una vez que le quitamos las categorizaciones y las culpas y las expectativas ajenas a la búsqueda interior, es cuando podremos darnos cuenta que esta lucha de-constructiva de identidades es ya el sacrificio primario, parte ardua de un proceso de auto valorización, que más que otorgar trascendencia nos devuelve la presencia, la plenitud espiritual y la alegría duradera.

Es solo adentrándonos hasta lo más profundo que nos convertimos en resorte, catapulta para nuestros sueños e intenciones más honestas. Existe mucho más poder de comunicación en el compartir desde lo más profundo que desde lo más superficial-convencional y lo ideatico-relativo.
No tengas miedo de usar al miedo como el combustible para tu despertar. La consciencia del miedo es ya un indicador que avanzas asertivamente en tu búsqueda.

Si te dicen egoísta por estar en contacto con tu centro - punto de partida para cualquier intento de comunicación certera y empática con otros- lo que pudieres hacer es agradecerle a quien sea que te lo haya dicho, ya que sin saberlo te estará dando el mayor crédito posible.

 

Friday, 14 April 2017

De máscaras y proyecciones




Se pude decir que para los ocho años el niño ha estructurado su sentido del ' yo ', o sea, la punta del iceberg en cuanto a la identificación con el mundo exterior. Dicho de otra forma, el ' yo ' no hace sentido si la mente no está llena de palabras y nombres en forma de ideas que la persona otorga a lo que percibe. Es así que el ' yo ' solo sirve de referencia cuando se explica y justifica dentro de un esquema mental que lo sustenta. 
(Yo) veo un pájaro, y ese pájaro está en una jaula, y la jaula está en la selva, y la selva está en México, et cetera. En este ejemplo el individuo se relaciona con el mundo a través de las proyecciones que le ha impuesto en forma de categorías y etiquetas, las cuales alguna vez tomaron significado mientras se almacenaban en la memoria. En esa línea, la 'máscara' que utilizamos en la interacción con otros seres es una conceptual, la cual irónicamente no representa lo que somos en esencia, si no que es más un mapa mental de símbolos y lenguajes convencionales. 
La peculiaridad de éste sistema es que es antes que nada social, y solo es desde ahí que construimos las identidades que cargamos durante nuestras vidas. Si yo encierro a un gemelo y lo libero a la par del otro algunas décadas después, éste será prácticamente un ente que se rige a nivel instintivo-emocional, desprovisto de las herramientas y reglas conceptuales de lenguaje que su otro gemelo si porta. Es así que no 'entenderá' lo que su gemelo 'educado' si comprende, por lo cual pasará por el mundo sin grandes complicaciones existenciales, mostrando una conducta más parecida a la de un animal que la del humano. 
Lo curioso es que la máscara conceptual que cargamos no se nota cuando participamos en cualquier colectividad, ya que en un sentido se 'disuelve' entre los participantes de máscaras similares. Nuestro ser se pierde entre las proyecciones que arrojamos en afán de certeza 'ontológica', lo cual cura temporalmente el aislamiento y la soledad que nos caracteriza.
El problema más grande radica en tener que lidiar con esa máscara cuando estamos solos. No es que nuestra cabeza nunca pare de pensar, si no que lo que realmente no sabemos es como lidiar con algo que es más de orden social y colectivo que unitario y personal.
La paz interior, entonces, pudiere equivaler a darse cuenta que la mente es antes que nada un constructo social, que tal vez no requiera de tanto poder y dominio, especialmente cuando estamos indagando en lo que somos en esencia como  personas.

Wednesday, 12 April 2017

La culpa y las emociones



Emociones fuertes como el enojo,  la frustración, el miedo  y  la tristeza son comunes, no sólo porque forman la base instintiva de nuestro ser, si no porque también son emociones muy densas, fácilmente identificables, a las cuales  regresamos  en eterna recurrencia.

Digamos que es muy fácil enojarse porque conocemos perfectamente lo que eso representa desde el sentimiento, un camino bien trazado por costumbre que irónicamente se vuelve adictivo. Me tropiezo con la misma piedra porque nunca la quito  del camino.

Sin embargo, hay un mecanismo mucho más complejo que hace de las emociones fuertes nuestro pan de cada día. Con esto me refiero a la función especifica del ego de 'apropiarse' de todo lo que percibe. Entonces,  cuando surge una emoción densa el ego reclama autoría mediante la culpa y su mascara mental el ' yo '. Es así como en vez de sentir la emoción en si misma, observándola para identificar sus límites y dejarla pasar, la culpa la ancla a la personalidad del individuo que la experimenta, hacióndolo creer que es el en si mismo el completamente culpable de tal emoción, y no solamente alguien que convencionalmente sufre o reacciona por lo que siente en algún momento. Ulteriormente, no es que la mente se nuble por las emociones, si no que la mente les  teje un capullo para interpretarlas desde su propio lenguaje. 

Hay que recordar que las emociones densas pueden dispararse por factores inconscientes  y externos a nosotros mismos. Y aunque siempre somos responsables de una parte de ellas, por el hecho de que somos su plataforma, y que, como dije, las reforzamos con nuestra culpabilidad  'yo-ica', dichas emociones terminan rellenando el relieve de nuestra mente y sus pensamientos. No logramos salir del denso abismo emocional que vivimos porque un simple pensamiento de culpa las mantiene ahí pegadas a nuestra percepción, como un globo lleno de gas que no puede volar porque nuestra mano  culposa  las empuña,  aferrándose  a su delgado hilo. 'Yo soy mi enojo, yo soy mi miedo, yo soy mi tristeza',  et cetera.  Usamos al drama como lapiz para  escribir las historias y mitos  que pululan nuestras cabezas. 




Por otro lado, es obvio que el ego también se atribuye -sin culpas- las emociones positivas que fertilizan nuestro camino de éxitos y satisfacciones.  Pero para que eso suceda  primero tenemos que eliminar nuestra  culpabilidad y autoría de todo lo que justificamos como malo. En ese sentido, es mucho mejor tener que lidiar con un 'yo' que se jacta de cosas positivas que de cosas negativas. 

Por eso, y de forma practica y simple, visualiza con consciencia ese mecanismo culposo emocional que te obstaculiza un presente tranquilo y pacífico. Una vez que identifiques donde están las piedras con que chocas, podrás ver con mayor facilidad esas puertas y ventanas  que siempre estuvieron ahí a un lado del bagaje emocional que reiterabas,  para ser sutilmente abiertas  por un deseoso  ser  latente.

Suelta y deja ir eso a que te aferrabas por costumbre y necedad mental.


Permítete sin culpas avanzar hacia tu propio destino. 

Monday, 3 April 2017

El eje de la congruencia






Las vibraciones de las que estamos hechos  arriban  a  puerto sutil en Vishuddi -chacra de la garganta-, puente energético de comunicación entre el mundo interior y exterior.

A estas alturas del desarrollo personal el aferramiento a una identidad solida e inamovible  comienza a disolverse, permitiéndole al individuo hacer consciencia de la universalidad que lo compone. 

Además de ser el responsable de darnos 'certeza' e identidad, el ego también bloquea  las funciones inconscientes del cuerpo -impulsos, emociones, sentimientos-  para dar prioridad  a la lógica y la razón, o sea la vigilia. 

No obstante, dicha 'tapadera' es visualizada con desapego desde Vishuddi, ventana de oportunidad  que le facilita al individuo  integrar, por lo menos temporalmente, las partes más densas y materiales con las más sutiles  y trascendentes de su organismo.

Dicha integración es fundamental, ya que es apenas entrando en contacto con la parte sensible como sembramos la empatía necesaria  para  cultivarse  con otros.  Asimismo, es  menester activar  las  emociones para lograr  expresar lo que verdaderamente sentimos, más allá de las verdades convencionales que nos rodean. En pocas palabras, no hay mayor significado que el que nos resuena profundamente.

La expresión es autonomía cuando la voluntad se hace palabra. Es así como manifestamos lo que realmente somos, integrando  sentimientos y pensamientos en acciones creativas e interactivas, y ciertamente congruentes, entre lo que pensamos, decimos  y hacemos.

No hay honestidad sin congruencia, congruencia sin aceptación, ni aceptación sin compasión y amor propio. Vishuddi es el centro energético que discierne entre las dualidades  y polaridades de la vida, ayudándonos a suavizar  nuestra contradictoria existencia para hacerla más llevadera.  


Saturday, 21 January 2017

De apegos y desapegos




El desapego está de moda. Se nos dice que no sólo es posible, si no deseable el adecuarse a un estado mental 'vacío' - exento de estímulos externos. Lo irónico es que las funciones inconscientes, físicas, emotivas, sexuales y egoicas del cuerpo representan el apego en si mismo. 
El inconsciente es el sotano de los arquetipos colectivos y las vivencias infantiles, mientras que el cuerpo es una maquinaria que debe su desempeño al mundo exterior que lo mantiene. Así mismo, las emociones no sólo se disparan cuando sostenemos ciertas ideas a las que se han aparejado, si no que además son mecanismos de supervivencia y adaptación al medio ambiente, cuya existencia antecede por mucho al desarrollo de la mente y sus designios identitarios. En esa linea, el ego es una herramienta que sólo opera mediante la onerosa identificación con símbolos, letras, palabras y frases, que en un sentido están inscritas en nuestra consciencia. 
Y que decir del DNA que nos compone, ese historial de apegos certificados y pegados que sostiene la escalera en espiral que prolonga lo que somos, recuerdos archivados de nuestro largo y arduo camino como especie. De la sexualidad no hay mucho que decir en cuanto al desapego, ya que en si representa una de las actividades más apegadas, ya que nos permite unir las semillas que generan la vida. La trampa biológica está puesta para todos, por eso es imposible e irresistible sucumbir a ella.
La vida es la unión de por los menos dos semillas o elementos. La materia, en ese sentido, es el resultado de un 'sacrificio ritual' de apegos. Y para asegurar esa continuidad física es que transformamos a los sentimientos en aferramientos con nombres y apellidos específicos, creyendo que entes particulares pueden darnos la libertad tan añorada.
En otras palabras, cualquier ejercicio de desapego es una difícil abstracción que contradice a nuestra naturaleza. Desconectar una parte de lo que somos en búsqueda de la trascendencia es negar una parte de lo que nos constituye, acto ciertamente dirigido por un ego afanoso de comodidades espiritualistas. 
Ulteriormente, el amor es un concierto de apegos y presencias, mientras que el desapego es un forzoso ejercicio de dualismo egoico, donde la parte material de nuestra existencia debe ser superada y reprimida para dar rienda suelta a una mente supuestamente abstracta y racional, que sabemos tarde o temprano termina comiendose a si misma en eterno aburrimiento platónico de auto validación. 
Por eso mejor escojamos los apegos que nos ayuden a crecer y ser mejores, convirtiéndolos en dignas causas para aligerar el sufrimiento que forma parte de nuestra existencia.




El verdadero respeto implica enfocarse en la persona actual que tenemos enfrente, y no en el potencial que creemos puede desarrollar.
La raíz latina de la palabra respeto es 'respicere' -contemplación-, o sea, la habilidad de observar a la persona como es, consciente de su individualidad única. Respetar, en ese sentido, es permitirle al otro crecer y desenvolverse a su manera y no como queremos que lo haga.
Haciendo esto nos quitamos el papel de transformadores y salvadores de nuestros hijos, amigos y parejas. Es mejor convertirse en sus admiradores, contempladores y verdaderos acompañantes, a esperar a que cambien para darnos gusto. 

Respetémos lo que somos y nuestros proyectos, así evitaremos proyectarle a los demás nuestras frustraciones, expectativas y prisas insatisfechas.



El verdadero amor platónico es la comunión de dos autenticidades, dos luces que no se andan buscando lados para hacerse sombras, porque ya son lo que quieren ser.
Somos polvo de estrellas prestado que viene de paso, que en un soplar del viento se nos arrebata de la mesa, cual pimienta que no supo condimentar.

Quítense ese rollo de que el amor ideal excluye al cuerpo, las ramas, las células, los troncos, las venas, las hojas, los huesos, las obscuridades y los subconscientes. 
Usen todo lo que esté a su disposición para iluminarse mutuamente el camino, que el amor es luz y no perfeccionismo venidero.

Sunday, 1 January 2017

La brocheta del tiempo




Pirotecnia, ruido, gritos, basura, todo para celebrar cambios en calendarios artificiales alejados de los ciclos naturales, cambios de fecha que nos refuerzan la línea de tiempo que controla nuestras vidas.
Tenemos esa costumbre de postergar nuestros deseos presentes y transformaciones urgentes, que sabemos se exigen para hoy, así dejándolas para un futuro incierto envuelto de dígitos proyectados. Creemos que depender del tiempo contado, con la certeza de su numérica continuidad, es mejor que observar lo que nos rodea, esa mina de oro que es la naturaleza con sus múltiples y permanentes ofertas de enseñanza cíclica. "Ponte el reloj", nos dicen, y eventualmente recibirás lo que mereces, aunque eso sea muy lejos allá en un futuro prometedor.
Sustituimos la satisfacción de lo inmediato y lo cotidiano por el afán de la salvación del mañana, ya que la promesa de la línea de tiempo -que nos atraviesa la carne como brochetas prensadas- es mucho más seductora y tangible que los ciclos de la vida, esos que nos nutren de los pies a la cabeza.
En esa línea, el invento más poderoso del patriarcado no fue ni el matrimonio ni la supuesta democracia, si no esa temporalidad perpetua que organiza la vida de la sociedad, así arrebatándonos esa individualidad que nos acerca a la esencia de nuestro ser. Nos dieron identidad a cambio del ser, ya que sobre ésta primera es mucho más fácil montarnos el resto de las expectativas ajenas y colectivas llamadas 'cultura', tristemente el más grande e inconsciente obstáculo a la plenitud como personas.
Nos quitaron el gozo y la conexión con los elementos que nos alimentan -agua, aire, tierra y fuego-, los cuales, si nos quitamos las prisas temporales y les ponemos atención consciente, nos indican la transformación constante de la cual somos parte. Por eso antes de la brocheta del tiempo los antiguos endiosaban a las fenómenos naturales, a sabiendas que eran estos, y no los dioses ni los hombres, los que determinaban la supervivencia y la calidad de vida de la tribu.
La primavera entra con lluvia y las lunas nuevas y llenas a veces también nos sorprenden con humedad, mientras que el final y el inicio de los ciclos astrológicos se anuncian con una mayor iluminación y obscuridad, dependiendo del momento. Pero como ahora nos hemos convencido que prestar atención a esas 'pequeñeces' es una 'perdida de tiempo', mejor preferimos llenarnos de basura temporal y limitada para celebrarnos.
Te invito a que reclames tu identidad de ese tiempo lleno de expectativas que desde niños se nos implanta, línea que acaba siendo sobre la cual nos colgamos como ropa sucia de convencional lavandería. Recupera tu identidad de la hoguera colectiva que la atrapa, y en el proceso sintoniza con la intuición que emana de tu corazón, en búsqueda de esa autenticidad que te acercará cada vez más a ese ser que en esencia eres y con el que sueñas reconciliarte.
Ultimadamente, cambia tu rol y ciega participación como tuerca de la ferretería de la maquinaria colectiva por ese oficio que está más cercano a ti y que te distingue, el cual en máxima simpleza se convertirá en la base de tu aceptación personal, siendo esa la forma más simple y honesta de comunicación con otros, el compartirte desde la pasión de lo que eres.
Muere cada noche de luna para renacer con el sol de cada día. Vacíate y llénate de oportunidades para ser uno mismo siempre. Vacíate de identidad y rellénate de ser aquí y ahora.

Pero recuerda algo siempre. Eres la semilla nada más, no la lluvia que la fertiliza. Pon atención, y te darás cuenta lo que le corresponde a cada quien. A ti te toca actuar, y al universo y a su naturaleza devolver en honesta y transparente abundancia.

 

Saturday, 31 December 2016

Cruzada moralista



‘El fascismo que causa que amemos el poder y el deseo de dominación está en todos nosotros’ 
-Michel Foucault (1926-1984) filósofo francés
Narcotráfico rampante, polarización cultural, inequidad socio-económica, falta de movilidad social. Una combinación de estos y otros factores llevaron a México a la disfuncionalidad colectiva y a la dictadura.
Llega un punto en que la cultura misma es victimada, ya que practicas culturales que alguna vez fueron normales cuando imperaba la paz gradualmente se van moralizando, para con ello justificar los enormes gastos del aparato de ‘seguridad’ del Estado cruzado.
La moralización del espacio público es el resultado natural del abultamiento de la fuerza pública, que originalmente se despacha para combatir las amenazas a su gobernabilidad, pero que poco a poco   amplia y justifica sus funciones hasta la auto referencia autoritaria. La complejidad y el caos le convienen al Estado, que irremediablemente crece en atributos e imposiciones para el control social.
Este ‘conservadurismo autoritario’ ha sido una constante de la historia, y uno de sus efectos más característicos es que segrega a las comunidades en bloques dentro del espacio urbano. Asimismo, la propaganda mediática del miedo y los enemigos perpetuos aísla a los individuos, que terminan disociados en auto confinamiento, ahorrándole a la autoridad el gasto extra que tendría que devengar para lograr su acometido.
Evidencia de esto lo vemos en el Monterrey contemporáneo, que ha convertido a muchas de sus calles y demás espacios públicos en islotes privados, que raramente se comparten por temor al otro. En esta línea van las colonias cerradas mega vigiladas -cuasi prisiones-, que significan el triunfo de la desconfianza institucionalizada. Vivimos detrás de muros cada vez más altos, enredados con alambre de púas más puntiagudos, esperanzados en que las alarmas de tecnología de punta nos devuelvan la paz que extraviamos por tanta injusticia.
El umbral de la violencia ha aumentado como nunca, y nos hemos acostumbrado a cosas que en el pasado no toleraríamos ni un minuto. La mejor metáfora es la del caldo de las ranas, donde la temperatura aumenta lentamente, apenas lo suficiente para que estos anfibios no se percaten de las condimentadas que están las aguas en donde nadan.
La clave es entender que en este tipo de sistema el Estado ya no se encarga de todo, si no que es la misma sociedad la que internaliza lo que ve fuera, modificando su conducta de acuerdo a necesidades básicas de seguridad en el sentido maslowiano. O sea, que la gente sacrifica lo colectivo para priorizar su cuerpo, su trabajo, sus recursos, su propiedad y la moralidad propia y la de su familia. Básicamente nos dejamos llevar por el nivel emocional, desde donde se facilita el indoctrinamiento político y religioso, estructuras recurrentes en tiempos como estos de confusión y carestía.
Es así como se criminaliza a todo lo que ponga en riesgo a ese nuevo estadio emotivo, y es ahí cuando la autoridad se transforma en un padre, cuyo dispendio se torna indispensable para un crio afligido por la incertidumbre.
Y como es de esperarse, el padre fortalece su dominio al frenar las diferencias y el pluralismo, ya que sabe muy bien que la estandarización es más efectiva para el orden. Entonces se limitan los horarios nocturnos y las sustancias por nuestro bien, ya que el terror corresponde más a la noche que al día, periodo que han determinado como más productivo. Es así como el bar y el antro menguan, de forma similar y analógica a como los antiguos cultos mistéricos paganos griegos eran extirpados como tumores del cuerpo colectivo en pro del monoteísmo socio-político.
Y mientras desaparece la noche con ella se esfuma el protagonismo de los artistas e intelectuales –en si la cultura–, todos supeditados   al novedoso heroísmo militar-espartano que pulula las calles. El discurso del miedo ha alterado nuestra escala de valores, por eso ahora permitimos sin queja que se cree fanáticos castrenses a nuestra cuenta, mientras que ante nuestros ojos y en flagrante violación a la Constitución el ejercito patrulla las calles, y los retenes anti-alcohol -armados con alto calibre- paralizan la movilidad pública.
Vivir con miedo es no vivir. Estamos perdiendo la cordura a cambio del cortoplacismo intervencionista, y en el proceso nos hemos separado uno del otro, a la vez que se infla la cuenta pública exponencialmente.
Esta mano dura viene envuelta de espinas decoradas con apenas unas cuantas rosas, que perforan la esperanza de un presente de convivencia pacifica. La dictadura también es simbólico-moralista. Al frenar nuestros movimientos acabamos peleando el territorio y lo material de forma egoísta, auto-limitados como el arcaico y árido reptil que alguna vez trascendimos.

El chavo del ocho y el imaginario cultural mexicano



‘ ¡Ay, ya cállate, cállate, cállate que me desesperas! ‘  -Kiko
En el caso de Roberto Gomez Bolanos ‘Chespirito’, como el de cualquier otra figura pública que trasciende,  es necesario separar a la persona de su legado, para dimensionar el alcance de sus actos y las maneras en que estos se impregnan en la sociedad en forma de  cultura.
El contexto del auge de Chespirito fue uno mediático, en donde pantallas de todo tipo multiplicaron la actuación de una persona  carismática, la cual  al final  únicamente hacía su trabajo. El genio indiscutible que fue Chespirito trastoca elementos discursivos y estructuras sociales como personaje, que superan por mucho a lo que cualquiera puede lograr sin el asedio de los medios de masa. El chavo de ocho se ganó su proyección en medios, pero la misma fue explotada por fines  mucho más ambiciosos de los que pueda tener  alguien con tanto talento.
Lógicamente, la mediatización de cualquier  fenomeno  implica  a los actores, ya que son ellos los que dan la cara  periódicamente  ante el multitudinario público. Dicho esto, es determinante posicionar a las empresas mediaticas y sus derechos de autor muy por encima de los actores, ya que es la amplificación tecnológica  de cualquier narrativa lo que les da relevancia local, nacional e internacional.
Ahora procederé a  analizar los principales discursos que surgieron alrededor de Chespirito como personaje, los cuales tienen varios ejes  de interpretación socio cultural.
Lo primero es la estandarización del personaje gracias a su  masificación en los medios.  La televisión suele sembrar  en los televidentes conceptos que le son funcionales y rentables, y por eso que los iconos que esta nos arroja sin parar se perpetúan en nuestras mentes. En ese sentido, lo que la TV genera son anclajes simbólicos para nuestras consciencias, que nos fijan ciertas ideas de como son o como deben ser las cosas en donde  nos desarrollamos.
La monotonía deviene de la repetición absurda de lo que sea, y el caso Chespirito no es la excepción. Cualquier  anecdota o chiste pierde su lustre cuando se retransmite  sin cesar, convirtiendo algo bueno en redundante.
Aquí cabe ahondar en  el caso de la población mexicana, la cual  depende bastante de  la televisión para informarse y  colorear su estilo de vida. Pudiere aseverarse con seguridad que la televisión ha gestado una gran parte de la cultura durante por lo menos tres décadas, especialmente eso que llamamos  ‘cultura popular’, en un  país que se olvidó de la  educación básica  en su  prisa por dejar de ser descalzo.
Otro característica interesante es la generación de estereotipos y estigmas, los cuales también suelen resultar de la constante repetición de lo que sea. Además de llevarle risas a mexicanos y demás personas alrededor del mundo, Televisa exportó el estereotipo de nuestra pobreza, la cual con todo y buen humor para paliarla se estacionó en las mentes de millones, que terminaron estigmatizando a la tele serie, como si se tratase de lo  más representativo de la cultura mexicana.
Después está la homologación del gusto que un fenómeno como el chavo generó en millones de personas, los cuales como si se tratase del fútbol, hicieron de su infusión  cotidiana del personaje un dictado  para conformar   sus expectativas estéticas. El chavo les impuso la moda a muchos, los cuales no vacilaron en alinear su forma de conducirse con lo que salía de la pequeña pantalla de sus televisores.
Y que decir del la mitificación del personaje, al grado que se convirtió en héroe nacional de proporciones cuasi religiosas. La despedida de cuerpo presente en el Estadio Azteca fue uno de los eventos de masa más simbólicos que he visto. Para mi, eso fue  evidencia de dos cosas. La más obvia es como el imaginario cultural mexicano está lleno de héroes exprés, esos que pululan debido a la escasez de los mismos en una clase política privatizada, que hace mucho perdió el compás de la nación. El resto de la explicación se rellena con el persuasivo y seductor  poder de la TV, la cual sigue comprobando con creces que es el método de entretenimiento y control más eficaz de todos.
Por último  y no por eso menos  importante está el efecto propagandístico disuasivo  de la prostitución del personaje mientras duró su apogeo, pero también del hecho de su muerte, la cual fue utilizada por la burocracia para avanzar su agenda de distracción en tiempos tan terribles como los de ahora. Sabemos que el contubernio entre política y TV en México es uno de los más nocivos del planeta, por lo que es más que claro que a ambos poderes les conviene alumbrar santos de fantasía, que  les sean útiles en la prolongación de la manufactura del consentimiento que alimenten sus  estrategias populistas de control social.
En ese sentido, el chavo del ocho ‘sin querer queriendo’ se convirtió en propagandista de ese mismo sistema que en varias ocasiones no vaciló en defender como justo. Aquí desafortunadamente no podemos excusar a ninguna persona pública de envergadura de la emisión de declaraciones de peso socio político, ya que al final todo lo que estos iconos culturales dicen influye demasiado en la sociedad.

La armonía tan añorada



La guerra es territorialidad reptil (impulso primigenio violento ligado a la supervivencia) enfatizada con emociones y necesidades mamiferas, todo envuelto del ego sapiens humano (razón y mente que justifican lo que se percibe).
Los arcaicos changos que luchan por una charco de agua en la escena de inicio en la Odisea Espacial de Kubrick son la suma de la supervivencia reptil y las necesidades  mamíferas, que en si son ya una forma de ego incipiente, en cuanto al dominio de las calamidades de la naturaleza que pone pruebas a nuestra lucha por existir y permanecer.
Las guerras modernas  de recursos son la complejización de estadios previos de evolución en el sentido reptiliano-mamifero, que ahora  en un  nuevo contexto de identidades colectivas egoicas humanas, dictan que lo mas ‘razonable’ es defender siempre lo propio y la cultura que lo justifica.  Por eso es que el egoista acaba no compartiendo nada.
Entonces, en vez de dejar que cada quien descubra el por qué de sus propios  apegos humanos, esos que le dictan defender lo que cree le pertenece  -producto de la falta de un profundo entendimiento del ego y el  sedimento animal que subyace-,   preferimos colectivizar y estandarizar sus sueños, y a eso  llamarle civilización. En vez de permitirle a cada quien  su búsqueda de emancipación y auto descubrimiento  -y que eso sea lo que lo  lleve hacia  la autenticidad y la autonomía-  lo reprimimos en pro de la continuidad del grupo.
Le ponemos una identidad única a nuestra tribu, y a eso le llamamos nación. Encima de eso nos convencemos entre todos  que esa marca que compartimos  vale  la pena ser defendida sobre lo que sea, incluso  hasta la muerte. En pocas palabras, esclavizamos a las personas en afán de liberarlas como conjunto, cuando  la mejor forma de ayudarles era no entrometerse  en el camino  hacia su propio despertar individual.
La  necesidad patriarcal de control es mucho mayor al impulso individual de despertar -energías densas de thanatos aplastan brotes de eros sublimes-, y por eso la política y la religión, y en si todo método externo de salvación, está destinado al fracaso. Creemos que un sistema social es mejor cuando lo dirigimos, y por eso truncamos sueños de libertad individual pura, que si solo  dejaramos a la suerte de sus  dueños, iluminarían esos espacios que   facilitarían esa armonía tan añorada…

De alimentación y ciclos naturales



Cuando pierdes contacto contigo mismo, te pierdes en el mundo’’
               -Proverbio tibetano
La alimentación, como muchas otras funciones del cuerpo, es un sistema rutinario del cual dependemos para la vida. De eso no podremos escapar mientras compartamos esta tierra, pero lo que si podemos evitar es consumir comida procesada y modificada.
Una de las industrias más perjudiciales es la de los alimentos, ya que las máquinas y sus químicos nos enferman.
Un día común se organiza de forma lineal, pero cuando hacemos mucho caso al tiempo cronológico –ese que habita nuestras mente de forma psicológica– le proyectamos patrones similares a todo lo que percibimos. Por eso vivir así es encarcelarse detrás de prisas lineales que nos distraen de una naturaleza cíclica y recurrente.
Por eso te recomiendo primero que nada que comas despacio, poniendo atención a cada mordida. Después te invito a que te des la oportunidad de ver la alimentación no sólo como nutrición –con sus fórmulas de proteínas, carbohidratos y grasas– sino como una práctica con la que nos reconocemos como uno con la naturaleza.
Eso que comemos se vuelve metafóricamente un hámster, que al desplazarse por tus órganos los va activando, energizándolos con su movimiento. Reciprocidad orgánica le llamaría, ya que lo que viene de la tierra regresa a ella, un preludio a cuenta gotas del desapego existencial al que irremediablemente nos enfrentaremos.
Para entender esto pudiéramos verlo a la inversa, cuando consumimos cosas demasiado densas y procesadas. La carne tarda mucho más en abandonar tu cuerpo que otros alimentos, esos que entran y salen sin dejar rastro como un buen arbitro de futbol. Nos han engañado al pensar que es mejor comer éste y otro tipo de organismos musculosos y grasosos por su supuesta carga nutricional. Es así que lo que acabamos haciendo es forzar a nuestro cuerpo para digerir masas más duras y sebosas.
No te digo que dejes de comer res o cerdo, ni siquiera por motivos veganos o religiosos, sólo te invito a que observes por ti mismo cómo este tipo de influjos cobran mucho más factura metabólica que otros. Una pera no te llenará como un pedazo de carne, obviamente, pero si te fijas detenidamente, te darás cuenta de lo poco que la fruta batalló y tardó para navegar tus cavernas. A largo plazo agradecerás el haberlo hecho, cuando vayas recolectando ese sobrante de energía que estará a tu disposición por no haberte dañado tanto.
Ahora toma consciencia de que entre más caro y codiciado el alimento, más tóxicos suele traer para preservarlo, ya que los mercados para su distribución y consumo han movido a la civilización desde antaño. Todo proceso alterado tarda mucho más en ser ‘descifrado’ por tu organismo, que no nació para funcionar intoxicado.
Prueba todos los grupos de alimentos y su amplia gama de colores. Come granos, cereales, frutas, verduras y plantas, y si quieres también carne, pero no te estanques en lo mismo, ya que lo que se estanca dificulta la evacuación.
Consume lo que se eche a perder pronto debido a su prístina sustancia. Entre más ingiramos cosas que han sido manipuladas para alargar su vida y realzar sus cualidades, más nos someteremos a los designios de aquellos que buscan no más que dinero con lo que producen.
Una vez que te hayas acostumbrado a ver tu alimentación de esta manera podrás tener un mayor control sobre tu peso, ya que la gordura es una consecuencia no examinada de tu forma de comer.
Para eliminar eso que te sobra hay dos pasos. Primero hay que separar al instinto que nos obliga a comer de los estímulos de la publicidad y sus prisas, que desde afuera nos seducen a cambio de nuestra plenitud. Después hay que sentir ese centro emocional que olvidamos detrás de la panza, aquel que acumula sentimientos atorados (inactividad y baja autoestima) debido al quejoso conformismo que sedimentamos por falta de voluntad.
La salud no es la ausencia de enfermedad, como aseguran los que nos examinan bajo el microscopio. La salud es el refrendo cíclico de la conciencia, y sólo lubricándola es como permaneceremos cerca de nuestra esencia, sin necesidad de amarres e intervenciones ajenas. La comida no `cura´, simplemente refina el balance de los ciclos naturales que interpretamos como salud.
Por eso hay que fluir todo el día como el colibrí. Es mejor estar activo en todo momento y no destinar un bloque específico de tiempo para algo llamado ejercicio. Intégrate con el movimiento que nos es propio y déjate llevar.
La liberación es entenderle a los ciclos de la naturaleza de la cual formamos parte. La naturaleza es una maestra muy sabia, sólo necesitamos alinearnos con ella sutilmente.

Los fofi-sanos y la estética como discurso


‘Te presentamos a los “fofisanos”, un nuevo tipo de hombre, un nuevo estilo de vida que atrae a cada vez más mujeres, marcando tendencia en la moda masculina en el mundo.’
-Roberto Barajas, para el sitio web de Fernanda Familiar
No hay percepcion directa, existe un filtro mental para todo, ya que no somos simples espejos que reflejan lo que ven sin juicios de por medio. Para mi la belleza es la capacidad de poder ver, escuchar, tocar, oler y probar lo que sea sin distinciones. No obstante, es posible que la estética si sea algo concreto, que con sus lineas y contornos precisos, se estimule a nuestra mente de cierta forma, seduciéndola a que dispare emociones primigenias. Dicho de otra manera, hay ciertas cosas y fenómenos que nos atraen más que otros, y de aquí es donde nos basamos para emitir juicios estéticos de acuerdo a cierta jerarquía y reglas propias.
La construcción social de la estética y la belleza es otra cosa. Manejar estos conceptos como ‘buenas nuevas mediáticas’, presentándonos lo apropiado a seguir, es adscribirle símbolos, conceptos y significados adicionales a nuestra ya de por si condicionada percepción. Se nos monta otra capa de filtro para que desarrollemos otro ‘nivel’ y gama de percepciones. La intención de los medios es dirigir los juicios del lector y el televidente hacia ciertos fines. Desde el punto de vista económico la persuasión estética no es más que otra forma de segmentar mercados, buscando peinar la masa en busca de todavía más utilidades.
El cuerpo espartano deja de ser negocio, ya que sólo sirve para diosificar ciertas lineas de productos. El fofisano sirve para vender estilos de vida más realistas y mucho más numerosos, esos que van más de acuerdo con la pésima alimentación y sedentarismo de la gente común. Es así que se les invita a los más entrados en edad y kilos a que regresen al paraguas del bienestar de la cultura mediática del consumo.
De la noche a la mañana lo que antes era mal visto ahora es presentado como aceptable por los medios, que sacan del armario a estrellas de cine apagadas y pasaditas de peso para relucirlas, arrojándolas a la palestra con un segundo y grueso disfraz.
La TV construye la belleza como las revistas, pero su poder es mucho mayor. Por un lado trata de convencerte de que te sientas bien como te ves, mientras que por el otro, irónicamente, lanza una perpetua promoción de la peor chatarra y estilos de vida que nuestra civilización ha fabricado. Ulteriormente, la manufactura de las ‘tendencias’ es una arma para controlar a nuestro cuerpo, sus emociones y sus bolsillos. Esto es lo que delinea el guión de su ambiciosa estrategia de mercado.

De selfies y cuantiosos narcisísmos



Primero dijiste que te sentías sólo, y por eso te dieron un teléfono para comunicarte.
Después exigiste más interacción, que porque preferías estar al tanto de todo allá afuera, evitando voltear hacia adentro para encontrar lo que buscabas.
Por eso te pusieron la computadora en la mano, salvavidas de perpetua información que te abstrajo de cualquier obstáculo en tu camino, ese que blindaste con todo tipo de indicaciones para no perderte.
Luego pediste que le adaptaran una cámara a tu amiguito, para fotocopiar esos momentos que por tus prisas ignorabas, jactándote de que comoquiera registrabas todo con tu aparatejo.





No contento con eso empezaste a sacar tus propias selfies, para hacerle saber al mundo que podías -presumiendo que estabas en todos lados- omnipresente cual creador de mundos y tecnologías.
Así personalizaste tu relación con tu maquinita, convirtiéndola en tu entrañable pareja, la cual usaste como cincel para esculpirte cual estatua griega, postrándote sobre esas bellezas con las cuales juras parecerte.
Ya entrado en gastos exigiste tu selfie stick para aumentar el radio de tu indolencia, ya que aseguraste no necesitar a nadie para sacar tus fotos, contento de que ahora podrás incluir a toda tu humanidad y tu grupito en el cuadro, en plena confirmación de narcisismo y certeza.
En el proceso olvidaste que el arte es una cura momentanea a la fijación contigo mismo, imagen perdurable que por aferramiento llevas a donde puedes.

Decisiones


No cabe duda que tomar decisiones es la base del desarrollo personal, ya que si no decidimos nos estancamos infelizmente en el camino. Lo difícil de las decisiones es que siempre nos confrontan con múltiples alternativas de acción y sus respectivos miedos, que suelen ser mecanismos de defensa mentales que nosotros mismos nos ponemos para sabotearnos.
O sea, batallamos para decidir por el simple hecho de que nos aterra el tener que descartar todas las complejas posibilidades que nos llevaron inicialmente a la encrucijada. Preferimos bloquearnos y quedarnos con la incertidumbre, en vez de tener que enfrentar la critica interna por haber preferido cierto camino.
La clave para trascender este dilema es aceptar lo que se escogió como lo mejor en ese momento, de pasada reconociendo que lo que se hizo a un lado no necesariamente era lo óptimo.
Muchas veces nos lamentamos de no haber elegido el otro camino, especialmente cuando el escogido no resultó ser lo que esperábamos. Idealizamos lo que finalmente no seleccionamos, y la ansiedad resultante no nos permite disfrutar de la nueva posición en que nos encontramos, por el simple hecho de haber decidido.
Lo que no escogimos tiene exactamente las mismas posibilidades de éxito y fracaso que lo elegido, ya que ambos son parte del mismo sistema de ciclos y energias ínter conectadas, que desde su propia esencia conllevan a ciertos efectos inesperados.
Al final buena suerte mala suerte quien sabe. Cada camino tienes sus bemoles, y cualquier elección es mucho más poderosa que la indecisión, la cual irremediablemente conduce a la locura.
Hay que aspirar a llegar al punto en que nuestras obligadas decisiones sean lo más sutiles y asertivas posibles. La clave está en entrenarse a ver las encrucijadas de la vida como una oportunidad de crecimiento, y no como obstáculos a nuestra existencia, o arrebatos de nuestra zona de confort.



Efecto multiplicador



No te preocupes, ni pierdas tu energía, tratando de llegarle a muchos con lo que haces.
Simplemente tienes que convencer a una persona, la cual representa esa multitud que deseas convencer. En pocas palabras, convencer a uno es convencer a todos.
Si te preguntas con quien debes comenzar el convencimiento empieza por ti mismo, lo cual te facilitará llegarle a ese uno, espejo tuyo, que reflejará a otros esa certeza que le mostraste.
Llegarle a una persona es el efecto multiplicador, ese que se activa cuando expresas sin grandes expectativas de reconocimiento y gloria.
Si confías en ti mismo los demás confiarán en ti.
Uno significa mucho.