Saturday, 31 December 2016

De selfies y cuantiosos narcisísmos



Primero dijiste que te sentías sólo, y por eso te dieron un teléfono para comunicarte.
Después exigiste más interacción, que porque preferías estar al tanto de todo allá afuera, evitando voltear hacia adentro para encontrar lo que buscabas.
Por eso te pusieron la computadora en la mano, salvavidas de perpetua información que te abstrajo de cualquier obstáculo en tu camino, ese que blindaste con todo tipo de indicaciones para no perderte.
Luego pediste que le adaptaran una cámara a tu amiguito, para fotocopiar esos momentos que por tus prisas ignorabas, jactándote de que comoquiera registrabas todo con tu aparatejo.





No contento con eso empezaste a sacar tus propias selfies, para hacerle saber al mundo que podías -presumiendo que estabas en todos lados- omnipresente cual creador de mundos y tecnologías.
Así personalizaste tu relación con tu maquinita, convirtiéndola en tu entrañable pareja, la cual usaste como cincel para esculpirte cual estatua griega, postrándote sobre esas bellezas con las cuales juras parecerte.
Ya entrado en gastos exigiste tu selfie stick para aumentar el radio de tu indolencia, ya que aseguraste no necesitar a nadie para sacar tus fotos, contento de que ahora podrás incluir a toda tu humanidad y tu grupito en el cuadro, en plena confirmación de narcisismo y certeza.
En el proceso olvidaste que el arte es una cura momentanea a la fijación contigo mismo, imagen perdurable que por aferramiento llevas a donde puedes.

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